Abejas artificiales: ¿el futuro de la polinización?

Las abejas juegan un papel crítico en la agricultura y la polinización de innumerables cultivos. Sin ellas, muchas variedades de frutas y verduras llegarían a su fin.

¿Qué pasaría si el mundo se quedara sin abejas? Un mundo así podría parecernos exagerado ahora mismo, pero los científicos están buscando formas de ayudar a las plantas a sobrevivir sin estos insectos tan esenciales pues son esenciales para la polinización tanto de flores como de frutas o verduras. El objetivo es lograr una forma exitosa de polinización artificial.


Los datos muestran que las poblaciones de abejas disminuyen cada vez más cada año

Y es que, las cifras son preocupantes. En los últimos 15 años, las colonias de abejas han estado desapareciendo en lo que se conoce como el «trastorno del colapso de colonias» y algunas regiones han visto un menoscabo de incluso el 90% a causa de la pérdida de hábitat, el cambio climático, unas deficientes prácticas de gestión, exposición a pesticidas, plagas y otras enfermedades… Un dato insostenible.

La seguridad alimentaria y la sostenibilidad de los ecosistemas nativos dependen de las interacciones entre plantas e insectos de innumerables maneras (recordemos que hasta el 30% de los alimentos que comemos depende directa o indirectamente de la polinización de las abejas) y el rápido descenso en el número de insectos contribuyen a esta grave situación.

Algunos investigadores están trabajando hacia un futuro donde los polinizadores de insectos naturales podrían ser reemplazados por abejas artificiales que vuelan libremente.

Por ejemplo, Ola Gjønnes Grendal, tecnólogo de materiales en la Universidad Noruega de Ciencia y Tecnología, trabaja con algo llamado materiales piezoeléctricos.

«Estos materiales son realmente geniales. Una de sus propiedades es que se expanden si les aplicas un voltaje eléctrico, pero vuelven a la normalidad cuando se quita el voltaje eléctrico. Puedes usar esta función para crear un motor pequeño y eficiente que pueda imitar la forma en que las abejas vuelan», explica el experto.

Los materiales piezoeléctricos funcionan mejor a alta frecuencia, lo que significa que es perfecto para imitar la forma en la que vuelan estos insectos. Grendal explica que para que todo funcione, necesita una fuente de energía, como una pequeña batería que actúe como combustible, algún tipo de chasis que mantenga todo junto y accesorios que transmitan el movimiento de los músculos piezoeléctricos a las alas.


«Ya hay algunos prototipos de pequeñas abejas voladoras, pero todavía estamos muy lejos de tener una pequeña abeja que pueda volar y ser suficiente para polinizar toda la comida que necesitamos», dice Grendal.

Otra de las iniciativas es la de Eylam Ran, cofundador y CEO de la startup israelí Edete, que ha construido unos robots de polinización artificial para ayudar a las abejas. «Las abejas no realizan su trabajo eficientemente: para polinizar con éxito una flor de almendro, necesitan viajar entre árboles, pero la mayoría de sus movimientos son entre flores en el mismo árbol. Solo funcionan a ciertas temperaturas. Si los árboles que necesitan polinización cruzada no están floreciendo al mismo tiempo, las abejas no sirven», dice Ran.

El experto argumenta que necesitamos diferentes herramientas para la producción de alimentos. El proceso de su puesta en marcha funciona cosechando flores de almendros, en este caso, utilizando las mismas máquinas para sacudir árboles que los agricultores usan actualmente para recoger almendras, separando suavemente el polen de la flor y almacenándolo durante más de un año para que pueda usarse en el momento perfecto para igualar el ciclo de floración de otros árboles.

Cuando los árboles están listos para la polinización, el equipo de la compañía utiliza tecnología de detección de lidar para posicionarse al lado de cada árbol, y luego rocía el polen lo más cerca posible de las ramas. Ran lo compara como la fase final de un lavado automático de coches, cuando el aire sopla sobre los contornos del vehículo para secarlo. Una carga electrostática en el polen ayuda a que se adhiera a las flores.

Puede funcionar sin abejas, aunque Ran dice que funciona mejor con su ayuda. La salvedad está, en que no se necesitarían tantas.

La startup actualmente está probando su tecnología tanto en Israel como en Australia, y para 2022, planea comenzar a trabajar a gran escala en los huertos de California. Suponiendo que todo funcione como se espera, la compañía planea expandirse a otros cultivos.

Debido a la gran necesidad de polinización que exige nuestra sociedad, el futuro de la polinización estará marcado claramente por la tecnología, ya sea en forma de abejas artificiales u otras ideas ingeniosas que están por venir.

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