Parlamento británico, de luto luego de la tragedia

1413603Londres, Inglaterra .- El Parlamento británico amaneció de luto, con sus banderas ondeando a media asta, aunque funcionó de manera habitual tras el atentado del miércoles en el que cuatro personas murieron, entre ellas el agresor, y decenas resultaron heridas.

La jornada de ayer no fue un día habitual en el Parlamento porque poco antes de las dos y media de la tarde el caos comenzaba en la sede de la democracia británica mientras un grupo de informadores, entre ellos esta periodista, estaban dentro conociendo el sistema legislativo del país.

Lord Boswell explicaba cómo funciona la Cámara de los Lores cuando, de pronto, una colega gritó: “¡Atentado en el Parlamento!”.

Sin tiempo que perder, los 14 periodistas que estaban en el edificio sacaron los móviles y comenzaba un ritmo frenético de llamadas y mensajes para informarse e informar, mientras el orador intentaba, sin ningún éxito, seguir con su perorata.

La oficina de prensa internacional del Parlamento había organizado, precisamente para ese día, una visita para periodistas al Parlamento y lo que comenzaba como un día tranquilo, se tornó en uno de los más agitados para los corresponsales.

Con un horario milimetrado, al más puro estilo británico, el día daba comienzo a las 9.00 GMT de la mañana, con una visita guiada a la Cámara de los Comunes y a la de los Lores.

La guía, Andrea, explicaba cómo una bomba de la II Guerra Mundial destrozó la cámara baja en 1941, ignorante de que se produciría después un atentado en la cuna de la democracia británica.

Unas conferencias sobre los diferentes departamentos de comunicación del Palacio de Westminster y ver la sesión semanal de preguntas a la primera ministra británica, Theresa May, fueron las siguientes actividades del “día parlamentario”.

Durante una copiosa comida, servida en el regio comedor de la Cámara de los Comunes, varios diputados conversaron con los periodistas sobre los temas más candentes de la actualidad británica.

Como era de esperar, la preocupación por el “brexit” fue el principal protagonista, pero también tuvieron cabida otros asuntos como la educación, la sanidad o la independencia de Escocia.

¿El terrorismo? Ni se mencionó.

Fue poco después, al tiempo que se conocían las primeras informaciones sobre el atentado, cuando el itinerario de la jornada se vio abruptamente interrumpido.

La incertidumbre y el miedo por la situación se vio relegado a un segundo plano en aquella sala de la Cámara de los Lores, donde la principal preocupación era empezar a trabajar para contar al mundo, desde dentro, lo que estaba ocurriendo.

Las pantallas de la habitación anunciaban la interrupción de las sesiones y señales de alarma, pero, tras la insistencia de los periodistas, comenzaron a proyectar la cadena británica de noticias BBC.

Aproximadamente una hora después trasladaron a los periodistas y fue ahí, en el recorrido por un Parlamento completamente sitiado por policías armados con metralletas, que pedían mantener “las manos libres”, cuando fue palpable la gravedad de la situación.

La siguiente parada de la “reclusión” fue un patio interior descubierto ubicado justo debajo del mítico Big Ben. Un agente de la policía anunció que no se podía salir aún porque no era “seguro” y advirtió de que había que seguir al pie de la letra las instrucciones que dieran.

“Si os decimos que corráis, corred”, fue la frase que más me impactó.

El amplio Westminster Hall del Parlamento, la parte más antigua del edificio, fue el siguiente lugar donde ubicaron a los periodistas antes de, finalmente, llevarlos a la cercana Abadía de Westminster.

En el recorrido hasta el templo, en el que había que salir al exterior, impresionaba el silencio sepulcral que reinaba en pleno corazón de Londres, únicamente interrumpido por el sonido de las aspas de los helicópteros que sobrevolaban la zona.

Una vez en la abadía, donde la gente se mantuvo muy tranquila, explicaron que el “encierro” se debía a que era el lugar del crimen y las autoridades debían asegurarse de que todo estuviera bajo control antes de dejar marchar a los “recluidos”, cosa que no ocurrió hasta las ocho de la tarde hora local.

Más de cinco horas después del atentado, las alrededor de 500 personas que estaban congregadas fueron “puestas en libertad”, no sin antes facilitar los datos a los agentes de policía. El encierro había concluido.

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