La hipertensión en los adultos mayores

A medida que el organismo envejece, múltiples cambios en el funcionamiento de todos los sistemas del cuerpo ocurren de manera gradual. Desde la etapa de adulto joven el reloj del envejecimiento comienza su marcha, lo que implica que el cuerpo poco a poco va perdiendo la capacidad de restaurarse y acumula “daño” con el paso de los años. Naturalmente, nuestro aparato cardiovascular, integrado por el corazón y los conductos de suministro de sangre que son los vasos sanguíneos, no es la excepción a este fenómeno. Las arterias, que durante la juventud se comportan como tuberías elásticas para asegurar un flujo de sangre armónico, se vuelven rígidas y gruesas, haciendo más difícil que la presión de la sangre se mantenga en rangos normales. Derivado de este problema, el corazón debe esforzarse más para bombear la sangre a todo nuestro cuerpo, lo que trae consigo otros problemas. Ahora sumemos a toda esta situación, el hecho de que muchas personas son hipertensas desde mucho antes de que estos cambios degenerativos se vuelvan relevantes, y podemos entender por qué la hipertensión es un tema tan importante, sobre todo en los ancianos.

A nivel mundial, se estima que el 60% de las personas mayores de 60 años son hipertensas, escalando hasta el 75% de las personas mayores de 75 años. Esta altísima frecuencia significa que la mayoría de las personas de la tercera edad viven con un riesgo aumentado de padecer enfermedades cardiovasculares de alta severidad, como el infarto al corazón. Por esta razón y en contra de lo que se creía hasta hace pocos años, el tratamiento de la hipertensión arterial es muy importante en este sector poblacional para mantener una adecuada calidad de vida. Para esto, sin embargo, resulta vital tomar en cuenta algunas consideraciones.

Los adultos mayores representan un grupo especial en el ámbito médico por diversos motivos. En primer lugar, el envejecimiento se relaciona a muchos otros padecimientos además de la hipertensión arterial, por lo que es bastante común encontrar gente de edad avanzada que tenga más de una enfermedad. Esta situación implica que normalmente el consumo de medicamentos en estas personas se dispare considerablemente, generando un fenómeno que se conoce como polifarmacia. Si bien es cierto que el uso de muchos fármacos de manera simultánea está justificado en estos casos, se deben tener precauciones adicionales, pues el riesgo de interacciones medicamentosas se eleva. También hay que tomar en cuenta que los órganos encargados de procesar y eliminar los fármacos del organismo, el hígado y los riñones, ya no funcionan a su máximo nivel durante la vejez. Esto significa que los medicamentos consumidos y sus residuos van a permanecer más tiempo circulando en el organismo, hecho que se traduce en una mayor probabilidad de padecer efectos adversos.

Tomando en cuenta estas particularidades en los pacientes hipertensos de la tercera edad, las principales asociaciones médicas han destinado apartados completos en sus guías de tratamiento para describir detalladamente cómo debe ser su manejo. En primer lugar, es muy probable que el médico indique una monoterapia, es decir, un tratamiento a base de un solo fármaco, a diferencia de lo que se hace en la mayoría de los hipertensos más jóvenes, que es prescribir desde el inicio, dos antihipertensivos combinados. La intención del médico en este caso, además de controlar la enfermedad, es disminuir al mínimo el riesgo de efectos adversos e interacciones medicamentosas. En este sentido, cabe destacar que habrá algunos pacientes que, por la severidad de su hipertensión y/o por el mayor riesgo cardiovascular que supone la presencia de otras enfermedades, ameriten el uso de dos medicamentos. En estos casos, el médico tratará de prescribir dosis reducidas de ambas sustancias, nuevamente por motivos de seguridad.

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